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La flor luce donde hay buena raíz

Updated: Apr 23

Dicen las malas lenguas que el mundo está lleno de desagradecidos. Hoy tiramos una lanza al agradecimiento. ¡Lo agradecemos todo!


La felicidad nace de la aceptación y de la ilusión de lo que uno tiene o anhela. O mejor dicho, de la facilidad de cada uno en saber ilusionarse y pellizcar ratitos de felicidad en cada cosa. Todos tendríamos que preocuparnos por plantar, regar, nutrir y mimar todo aquello que queremos. Y si ello nos regala una flor; perdernos en su aroma, embriagarnos con sus colores...Si la flor no surge, persistir en el intento buscando qué no hicimos o cómo mejorar lo hecho.


Hemos de partir de la autoacceptación, del realismo de las circunstancias, del respeto por lo que no compartimos y saber encajar las derrotas. No escondernos, porque la tristeza se ha paseado unos días por casa como tampoco vivir por unos cuantos "likes" de más. Nos merecemos ser felices y permitirnos ser humanos, con todo lo que conlleva. No es más feliz quien más tiene, pero sí quien mejor gestiona los distintos vientos que soplan.


Hoy damos las gracias por haber podido sentir alguna vez el calor del sol en las mejillas, por gozar del contacto de la arena bajo los pies, por regalarnos el placer de charlar con un amigo, por gozar de la inmensidad de un bosque... Por no perder el tiempo aparentando lo que uno no es.


Pero las gracias en mayúsculas es para todos aquellos que sabemos apreciar y valorar las oportunidades. Y la de este presente que nos está tocando vivir podría camuflarse en la desolación. La dureza con la que nos ha golpeado algo tan inimaginable hace solo unos días atrás ha cambiado nuestras vidas. En todos los sentidos. Y es ahora, y en estas circunstancias cuando las raíces y los principios de lo realmente importante tienen que dejar huella y no hacer mella.


Podemos gozar de tiempo, generalmente vetado por la vorágine de vida que llevábamos. Nos encontramos con la familia dentro de las mismas paredes sin darnos el relvo de entradas y salidas. Podemos compartir juegos recordando el niño que cada uno lleva en su interior. Perdernos entre las palabras de un libro que nos transporta a países lejanos. Dejar pasar el tiempo sin más, o mirando aquellas nubes que desdibujan su forma para convertirse en otra.


Y quien crea que somos conformistas, quizás aún deba descubrir la esencia de la felicidad.


Marta Gannau



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